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Murió Norberto Aimé, campeón nacional y sudamericano de atletismo, y héroe de Malvinas

Murió Norberto Aimé, campeón nacional y sudamericano de atletismo, y héroe de Malvinas
6 de febrero de 2026

Este 5 de febrero, víctima de un infarto, murió en Río Cuarto un destacado atleta argentino de fines de los 70 y principios de los 80, Norberto René Aimé. Pero, además de la gran proyección atlética que exhibió en aquella época, Aimé también se distinguió por su valeroso desempeño como soldado en la gesta de Malvinas, en 1982. Algo que dejaría huella por siempre en su vida y en la de todos quienes le rodearon y le conocieron.

“Cacho” Aimé nació en Adela María, una ciudad del departamento cordobés de Río Cuarto, al sur de la provincia, el 14 de enero de 1963. Pero desde chico vivió justamente en la ciudad de Río Cuarto, donde había comenzado con su actividad deportiva bajo la conducción de aquel gran formador que fue Edmundo Denner.

“El me vio en competencias intercolegiales y me invitó a acercarme al atletismo, donde enseguida me sentí a gusto, por lo que hacía y por el grupo de amigos. Al año ya había obtenido un título sudamericano de menores. Edmundo era de esa clase de formadores que tienen nuestros deportes, también lo hacía en natación”, recordó Aimé en un reportaje.

Con apenas 14 años ganó el título nacional del hexathlon de menores (categoría u17 en aquella época) en Santa Fe, al reunir 3.789 puntos, en 1977.

Un año después retuvo ese título en Mar del Plata con 4.253 puntos (era récord sudamericano), en un evento donde también venció en lanzamiento de bala con 15.30 m. Y fue convocado para la Selección Nacional en el Sudamericano de Montevideo, disputado en el Liceo Militar General Artigas. Allí también ganó el hexathlon con 4.048 puntos, además de quedar 4° en bala.

Todavía seguía militando en “menores” (u17) en 1979 cuando fue la gran figura del Campeonato Nacional en Villa María al obtener las pruebas de bala (16.73), disco (45.82) y el hexathlon con 4.094 puntos. Ese mismo año también compitió en el Nacional Juvenil (reservado para la u19) donde fue subcampeón de disco y tercero en bala, pruebas ganadas por el santafesino Roberto Malatesta.

Ya en esa categoría juvenil iba a ganar las pruebas de bala y disco por tres ediciones consecutivas en los Campeonatos Nacionales: 1980 en Mar del Plata (u19) con 15.21 en bala de 6 kg. y 42.54 en disco de 2 kg; 1981 en Buenos Aires (ya u20) con 14.92 y 46.26 respectivamente. Y 1982 nuevamente en Buenos Aires con 15.29 y 44.36.

Pero, además, en 1981 se había proclamado campeón nacional de mayores en Mar del Plata para el lanzamiento del disco, la prueba en la que se especializó, con 47.74 m., convirtiéndose así en uno de los más jóvenes ganadores del historial de dicha prueba.

Asistió a dos Sudamericanos Juveniles. En 1980 en Santiago de Chile (u19) fue campeón de disco con 45.14 y subcampeón de bala con 15.26. Y al año siguiente en Rio de Janeiro (ya u20) fue subcampeón de ambas pruebas con 15.78 en bala y 45.54 m. en disco.

A principios de la década del 80 se había incorporado al equipo de Ferro Carril Oeste, que iba a constituirse en el más fuerte del atletismo nacional por un largo período. Y Aimé fue incluido en la Selección Argentina para el Sudamericano de mayores en La Paz (1981) conde quedó 4° en disco con 45.52.

Dos años más tarde –y pese a que ya había pasado la dura experiencia de la guerra- siguió activamente en el atletismo y alcanzó su mejor marca personal de disco con 51.60 m. al ganar el torneo Pedro Candioti, en Santa Fe, el 30 de julio (en bala su mejor registro con el implemento de mayores fue 14.35 m. en 1981, en Rosario).

En aquel 1983 era una de las ascendentes figuras argentinas en disco y así participó en el primer Campeonato Iberoamericano del nuevo ciclo, quedando 5° en Barcelona con 48.40 metros. Esa prueba fue ganada por uno de los mejores especialistas del mundo, el cubano Luis Mariano Delis (bronce olímpico en Moscú 80) quien marcó 65.24 m. Y semanas más tarde, en el  Sudamericano de Santa Fe, Aimé fue 6° con 46.94 m.

Un año antes, Aimé había participado como soldado en aquel hecho histórico que fue la guerra de Malvinas.

En un artículo publicado en Clarín (26-7-1982), Aimé contó:

“Tuve dos meses de instrucción en el Regimiento de Infantería 25 en Sarmiento, Chubut. En la noche del 1° de abrill nos anunciaron que al día siguiente estaríamos en las Malvinas. Fuimos de los primeros en llegar allí. Pocos días después, nuestra compañía al mando del Teniente 1° Daniel Esteban fue destinada a Puerto Darwin y desde allí, a Puerto San Carlos”.

Ante el inminente desembarco y posterior ofensiva de las fuerzas inglesas, se asignó la defensa del Puerto San Carlos a la compañía Güemes bajo el liderazgo del Teniente  Esteban  con dos subtenientes –José Vázquez y Roberto Reyes- y 64 soldados. Uno de ellos era Aimé. Tenía 19 años.

El libro de Nicolás Kasanzew describe:

“Aproximadamente a las ocho y cuarenta del 21 de mayo, decenas de paracaidistas ingleses avanzan sobre Puerto San Carlos, y en el mismo instante llega por el este un helicóptero Sea King para cerrar el cerco. El teniente primero Carlos Daniel Esteban, ordena fuego libre sobre la aeronave enemiga. El aparato es alcanzado y se desploma desde baja altura, unos cinco o seis metros. El conscripto Norberto Aimé se para de cara a los paracaidistas, que ya habían tomado posiciones para tirar con mortero, y les grita un ¡Viva la Patria! Los ingleses abren fuego, pero sin alcanzar a los hombres de Esteban, quien inicia un cambio de posición. Tienen que evitar ser aferrados por el enemigo. Era David contra Goliath: cuarenta y cuatro hombres con munición para una hora de combate, contra una fuerza de desembarco integrada en una primera fase por dos mil quinientos ingleses y apoyada por artillería naval y helicópteros. Tras derribar con fuego reunido de fusiles un par de helicópteros más, estos bravos del 25 se repliegan a Puerto Argentino”.

El teniente general Martín Balza, quien posteriormente sería el Comandante en Jefe del Ejército Argentino en tiempos de la democracia, escribió hace pocos años  una memoria alusiva a aquella batalla histórica, en Infobae.

Y sobre el desempeño de la compañía Güemes precisó:

“Todo ellos, en una encomiable acción, derribaron y averiaron helicópteros, ocasionaron bajas, alertaron a Puerto Argentino y fueron testigos del ataque de la Fuerza Aérea Sur (FAS) a la flota británica. Tuve oportunidad de conversar detenidamente con Esteban, excelente profesional, y con posterioridad al conflicto lo tuve como subordinado directo. Esa pequeña fracción, aislada, a 90 km de Puerto Argentino, enfrentó el desembarco británico en la isla Soledad y logró replegarse tras una marcha a pie de tres días y tres noches, en un terreno inhóspito y casi intransitable. La eficiencia profesional de esos hombres logró todo lo expresado con el saldo de solo 3 heridos. Las bajas del adversario se estimaron en más de 10 entre muertos y heridos, 2 helicópteros derribados y otros 2 averiados”.

El Teniente Esteban le informó posteriormente a Balza:

“Los infantes ingleses ya estaban cerca; se escuchaban los helicópteros y veíamos los lanchones. Ocupamos las posiciones preparadas; tenía que mandar y hacerlo bien, tenía que cumplir la misión, tenía que salvar a mi gente y tenía que volver a ver a mi hijo. Siempre con el soldado Norberto Aimé a mi lado. El subteniente José Vásquez permaneció atento a mis órdenes. Nunca había soñado un bautismo de fuego con tanta diferencia; solo Dios nos podía ayudar, y así lo hizo, o fue el mismísimo San Carlos, pero alguien lo hizo. Comenzó el combate”.

El teniente primero Daniel Esteban fue condecorado con la medalla “La Nación Argentina al valor en combate” por “Ejecutar al frente de una fracción de su compañía acciones de combate ante enemigo con total superioridad material, en la zona de San Carlos, al que ocasionó importantes bajas. Durante 72 horas se replegó con sus hombres bajo constante hostigamiento de efectivos aeromóviles ingleses, alcanzando las propias líneas…”.

La nota de Clarín señalaba:

“Aimé y sus compañeros recorrieron durante tres días los áridos y desolados caminos de la isla, cubiertos de un clima amenazante y sacudidos por vientos helados. Apenas retomaron contacto con las fuerzas de Puerto Argentino fueron destinados a un nuevo combate: Puerto Darwin. Contó Aimé: ‘Fueron 48 horas que cambiaron mi vida. Visiones de una guerra que nunca hubiera imaginado. La muerte que nos rodeaba. El corazón de los amigos siempre dispuestos a tender una mano. El grito de los heridos. Hasta que no se pudo más’”.

Curiosamente, en ese mismo mes de mayo de 1982, la Confederación Argentina de Atletismo le había preparado una carta: lo citaba para un selectivo de juveniles con vistas al II Campeonato Panamericano de Barquisimeto. Pero se advirtió a tiempo que, a esa hora, Aimé ya había entrado en combate.

Aimé siempre evocó aquella gesta y en una de sus últimas entrevistas en 2023, en un medio cordobés, contó: “El valor de todos nuestros soldados fue admirable. Con el tiempo, y ya mayor, comprendí que los conscriptos, los más jóvenes, habíamos ido a una guerra sin la instrucción ni la experiencia necesarias. Pero son temas que uno comprende con el tiempo. Durante la guerra no había posibilidad de evaluar eso. El valor de todos nuestros compañeros era admirable. La vuelta, trajo muchos problemas, fue muy doloroso”.

            Como apuntamos, Aimé pudo volver por un tiempo a la práctica del atletismo, pero se alejó luego de 1984 (ese año llegó a marcar 43.38 en disco), formó familia (algunos de sus hijos también lucieron en nuestro deporte) y mantuvo los lazos con sus compañeros del deporte. En 2019, por ejemplo, fue el anfitrión en Río Cuarto del reencuentro con atletas de distintas generaciones.

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