La sorpresiva progresión y las excelentes actuaciones de Martín Saavedra en los últimos Campeonatos Nacionales sirvieron para revitalizar una disciplina clásica del atletismo, pero donde nuestro país tiene escasa inserción: el salto en largo.
Al llegar a la flamante pista de Tigre, Saavedra ganó el Nacional u23 y batió el récord de la categoría que estaba vigente desde hacía 45 años. Allí saltó 7.71 m. Y dos semanas más tarde, el 8 de agosto en el Estadio Municipal de Rosario, conquistó el campeonato de mayores y batió el récord absoluto con 7.82 m., mejorando en cinco centímetros el que poseía Eric Kerwitz desde 2003 en ese mismo escenario. Curiosamente, tanto Eric como Saavedra compiten para la Sociedad Alemana de Gimnasia de Lomas de Zamora, una formación que fue impulsada en el atletismo por el recordado Juan Carlos “Poldo” Kerwitz, el excampeón sudamericano del decathlon y padre de Eric.
El atletismo argentino nunca clasificó a un saltarín de largo para los Campeonatos Mundiales, que se disputan desde 1983. Y apenas dos veces tuvo representación olímpica en esta prueba. Fue a través de dos notables atletas, Héctor Berra en 1932 y Enrique Kistenmacher en 1948, pero ambos no se especializaban en el salto en largo, sino que esta prueba era parte de su preparación hacia un objetivo mayor, el decathlon.
Sin embargo, tanto Berra como Kistenmacher alcanzaron la final olímpica del salto en largo. Berra fue 7° con 6.66 metros y poco después, en el decathlon, tuvo que abandonar por lesión después de la segunda prueba… el salto en largo. En los Juegos de Londres, el gran Kistenmacher marcó 7.18 en la fase clasificatoria y llegó a la final, donde se ubicó 10°. Y a los pocos días estuvo peleando por una medalla en el decathlon, terminando cuarto bajo un diluvió en un histórico concurso ganado por un prodigio de 17 años, Bob Mathias.
Inclusive en los Juegos Panamericanos, la presencia de saltarines de largo de nuestro país fue escasa, sólo cuando nuestro país organizó el evento. En Buenos Aires (1951), Albino Geist logró la medalla de plata y Bruno Withaus terminó 5°, mientras que en Mar del Plata (1995) tambén hubo dos representantes, Néstor Madrid y César Ginex.
A nivel sudamericano, Brasil ejerció un dominio abrumador, auque el mayor protagonista histórico fue un panameño, Irving Saladino, campeón del mundo en Osaka 2007 y campeón olímpico en Bejing 2018, y cuyo récord sudamericano de 8.73 metros (Hengelo 2008) es aún hoy un lujo a nivel mundial: intocable por varias generaciones, seguramente, para toda la región. Nombres como el del uruguayo Emiliano Lasa o el del colombiano Arnovis Dalmero también han brillado en la última década.
El atletismo argentino sólo cosechó seis medallas de oro del salto en largo en los Campeonatos Sudamericanos a lo largo de más de un siglo, pero la última correspondió al marplatense Osvaldo Enrique Frigerio en 1983, en Santa Fe. Y la última medalla, el bronce de Sergio Roh, entrerriano, dos años después. Tanto Berra (1931 y 1933) como Kistenmacher (1949) también fueron campeones sudamericanos, al igual que dos cordobeses: Valerio Vallania en 1926 y Emilio Mazzeo en 1974.
¿Será Sergio Saavedra, un joven de apenas 22 años, el encargado de colocar al salto en largo del atletismo argentino en una posición más expectante dentro del concierto sudamericano?. Sus condiciones están.
Los comienzos del récord nacional
El primer Campeonato Argentino se realizó en abril de 1920 en la pista de Ferro y se denominó Torneo Iniciación. Todavía en esa época había dos modalidades de salto en largo, la que consideramos tradicional y otra, sin impulso. La primera fue ganada por Enrique Thompson, uno de los grandes atletas argentinos de esa década y 13° en el decathlon olímpico de París 1924, donde nuestro país hizo su debut. Pero se considera a un pionero del atletismo argentino como Guillermo Newbery –representante del Club Universitario y también integrante de aquel equipo olímpico, ya como vallista- como el primer recordman del salto en largo con sus marcas de 6.33 m. el 26 de mayo del 2021 en Rosario y 6.55 m. el 15 de octubre del mismo año en Buenos Aires.
La temporada de 1923 marca el despegue de quién sería el gran atleta argentino de la década- y uno de los más importantes de la historia- el rosarino Luis Antonio Brunetto. El mismo que en los Juegos de París nos daría la primera medalla olímpica, con el subcampeonato del salto triple y con un récord de 15.42 que iba a permanecer casi medio siglo en nuestras listas.

Brunetto describió así sus comienzos: “Yo estaba en el Club Provincial y Victorio Demarchi, el entrenador de atletismo, me pidió que defendiera sus colores en un torneo atlético. Me inscribió en varias pruebas y me dio un breve entrenamiento. Pero el día del torneo, desaparecí entre el público. Demarchi me descubrió, me llevó al vestuario y prácticamente me desvistió… Yo estaba temblando. Ya habían pasado dos pruebas. Hasta que debuté más muerto que vivo y salto en alto sin impulso y quedé segundo con 1,38. Enseguida, ocurrió lo mismo con el salto en largo…”. Desde ese día, se tomó al atletismo “más en serio. En 1921 me hice federado, participé en torneos y conseguí mi primer récord de salto triple con 13,09 metros. Mi entusiasmo fue in crescendo”. Brunetto tenía un físico privilegiado (1m88 de estatura y 83 kg. de peso) y explicaba que, su entrenamiento para el salto triple, se basaba en otras pruebas: “Hacía velocidad, vallas y lanzamiento de bala para fortalecerme”.
Brunetto también se destacaba en salto en largo y durante el torneo de inauguración de la pista de la YMCA en Buenos Aires, en Independencia y Azopardo, el 16 de diciembre colocó el récord en 6.68 metros, en una prueba donde Otto Dietsch quedó a sólo 8 centímetros. Fue un gran torneo para el standar de la época ya que la marca de Brunetto, así como la de Luis Suárez en 800 metros (2:02.0) y Jorge Llobet Cullen en bala (13.245) eran los récords sudamericanos, mientras que la posta 4×400 del Club Pedestre La Plata hizo el récord nacional (3:34.0).
Desde aquel salto de Brunetto y por más de una década, los argentinos iban a mantener el récord sudamericano, con una excepción que fueron los 7.14 del brasileño Cyro Falcao (14-9-1930).
El primer argentino que se aproximó a la “barrera” de los 7 metros fue el cordobés Valerio Angel Vallania, quien tenía apenas 18 años cuando saltó 6.985, el 26 de octubre de 1924 en Buenos Aires.
Figura de aquella legendaria formación de la YMCA en su provincia, Valerio, al igual que su hermano Atilio, también eran campeones de básquet. Pero el legado de Valerio en el atletismo fue impresionante y queda, junto a Osvaldo Suárez, como los más exitosos atletas de nuestro país en los Sudamericanos. Tenía apenas 16 años cuando logró su primer título sudamericano de salto en alto (Rio 1922), especialidad en la que iba a triunfar por seis ediciones consecutivas. Por supuesto, también ganó varias veces los Nacionales y Sudamericanos en largo, 110 metros vallas y decathlon, e integró el equipo olímpico –como vallista, pero con escasa suerte- en Amsterdam 1928.
Lo cierto es que un consagrado Brunetto, tras su hazaña olímpica, también iba a recuperar la primacía en salto en largo: fue el primer sudamericano en atravesar los 7 metros el 12 de octubre de 1925 en Rosario. En ese torneo lo hizo con 7.02 y luego con 7.085, marca que iba a igualar Carlos Butti en la misma ciudad el 9 de noviembre de 1930.
Butti lo hizo durante el Campeonato Nacional –el primero disputado en Rosario, en la pista de Gimnasia y Esgrima- y representaba a Sportivo Barracas, donde ya tenía como compañero de filas a otro jovencito que pronto haría historia: Juan Carlos Zabala. El segundo puiesto del salto en largo fue para un atleta rosarino, José Hoyos, del Club Provincial, con 6.945 y tercero aparecía quien pronto iba a dominar la especialidad (y varias más): Héctor Berra, con 6.815.
Nacido el 23 de septiembre de 1909, Berra fue tres veces campeón argentino (1931 con 7.08, 1932 con 6.73 y 1933 con 6.62) y el salto en largo era –junto al lanzamiento de bala- sus pruebas favoritas, en camino a su objetivo central: el decathlon. Consiguió sus cinco récords nacionales de salto en largo en Buenos Aires:
. 7.11 el 11 de octubre de 1931
. 7.21 el 29 de noviembre de 1931
. 7.22 el 13 de diciembre de 1931
. 7.26 el 17 de abril de 1932
. 7.31 el 30 de abril de 1932.
Estos últimos cuatro registros también eran récord sudamericanos de largo, un logro que ningún otro argentino pudo emular desde entonces. Y en el caso de los 7.31 fue en Gimnasia y Esgrima, en Buenos Aires, en el marco del match ante Uruguay (Juegos Rioplatenses). Representaba el evaluativo de nuestros atletas para los Juegos Olímpicos de Los Angeles y allí se lucieron varios: Zabala, el Ñandú Criollo, se convirtió en el primer sudamericano en bajar los 15 minutos en 5.000 metros (14:55.8) y también José Ribas consiguió su clasificación para el maratón olímpico al lograr récord de 20.000 metros. En disco, Pedro Elsa fijó el rsa de 44.96 y Berra fue segundo con 44.09, además de su plusmarca en disco. También Luis Oliva consiguió un récord sudamericano (8:39.8 en 3.000) y Juan Carlos Anderson igualó la marca nacional de los 400 metros con 49.4.
Con su participación en los Juegos Olímpicos de Los Angeles –finalista en largo, abandono en el deca- Berra acompañó una formidable formación, ya que allí Zabala conquistó nuestro primer olímpico en el maratón y Carlos Bianchi Luti fue 5° en los 200 metros llanos. Y un año después, Berra retuvo su cetro sudamericano del salto en largo en Montevideo con 7.26 m., que ya habí alogrado en Buenos Aires 1931 en gran duelo con el brasileño y en ese momento plusmarquista sudamericano Cyro Falcao: 6.97 a 6.91, en GEBA. Pero también en aquel Sudamericano del 31 Berra se proclamó campeón del decathlon pasando los 7.000 puntos con la tabla antigua (6.021 según la actual).
En 1933 Berra tuvo otro encuentro internacional. Fue durante la gira de la selección de Japón, que se presentó en Buenos Aires con una figura excluyente: el medallista de bronce olímpico Kenkichi Oshima. Compitieron en salto en largo y Berra ganó con 7.12, el nipón se quedó en 6.88.
La fama a Berra le llegaría tiempo después, ya retirado. Trabajaba en el Ferrocarril Pacífico, en Rufino, Santa Fe, y uno de sus compañeros se llamaba Manuel Carrizo. A pedido de este, Berra le escribió una carta a uno de sus amigos de River, aquella gloria futbolística llamada Carlos Peucelle: era una recomendación para que atendiera a un adolescente (16 años), hijo de Don Manuel. Nada menos que Amadeo Carrizo. Este, con la carta, ascendió al tren, hizo sus 15 horas de viaje hasta Buenos Aires… y fue aceptado. “Bueno, pibe, mándele decir a su padre que se queda acá”, le dijo Peucelle al gran Amadeo…
Kistenmacher y sucesores
Nacido el 8 de abril de 1923, con una familia procedente de Hamburgo (Alemania) y que se estableció entre Tucumán y Chaco, Enrique Alberto Kistenmacher fue uno de los más grandes atletas del historial argentino. Y más que eso, se destacó también con títulos en varios deportes (básquet, tenis, vóley, entre ellos).
Un verdadero superdotado que, como tal, Kistenmacher llevó el decathlon sudamericano a una nueva dimensión: ningún otro atleta de la región pudo alcanzar, como él, un cuarto puesto olímpico en las combinadas, tal como lo consiguió en Londres 48, donde también fue finalista del salto en largo.
En medio de tantas aventuras y conquistas, Kistenmacher se dio tiempo para batir el récord argentino del salto en largo que llevaba quince temporadas intocable, al ganar la prueba en el Campeonato Sudamericano de Lima el 17 de abril de 1949: 7.365 metros (en ese evento también retuvo su corona del decathlon).
Y pasarían otras dieciséis temporadas hasta que se movió la tabla, cuando Alfredo Atilio Boncagni consiguió 7.48 metros, el 2 de octubre de 1965 en Rosario, en el mismo saltómetro de Gimnasia, en Parque Independencia. Fue la mejor serie de su vida: 6.92 – 6.91 – 7.32 – 7.18 – 7.35 – 7.48
Boncagni atravesaba su mejor momento, ya que venía de igualar la marca de Kistemacher pocas semanas antes La Plata, pero no se homologó por la falta de anemómetro.
Hugo Tombolini, un destacado triplista, lo había invitó al torneo en Rosario, donde Gimnasia y Esgrima celebraba su 61° aniversario, recomendándole el saltómetro. Aquel sábado, Boncagni tomó el tren en Retiro a las 7.25 de la estación y llegó justo para el torneo de la tarde. Describió en El Gráfico: “El griterío era bárbaro, la gente me alentó como nunca, todos se concentraron ahí, parecía que estaba el récord”. Y fue, nomás con sus 7.48. En la misma nota de la revista, Boncagni detalló: “Primero me dijeron que habí a saltado 7.50, así lo anunciaron y yo quedé metido en la euforia de los que venían a abrazarme. Pero enseguida mi entrenador Hipólito Jaimes, a quien le debo todo esto, pidió que volvieran a medir para levantar el acta del record. Resulta que el pie derecho quedó un poquito atrás, dos centímetros. Pero qué importa… ¿Saben la emoción que siento, la confianza que recuperé? Antes creía que saltar tanto sería imposible por mi físico, no llegó a 1.75…”. “Mi entrenador, Hipólito Jaime, había sido fondista. Pero él estudió para preparar velocistas y saltadores, me vio condiciones. Y desde chico me venía diciendo que yo podía ser el recordman de salto en largo”, cuenta Boncagni.
De una depurada técnica y de intensa fibra competitiva, Boncagni se do el gusto de vencer a destacados saltarines alemanes de su tiempo como el triplista Michael Sauer (ambos con 7.08 m. en el torneo Pierre de Coubertin del 65) y Hans Narlich, dos años después en el mismo evento. En el Coubertin del 73, cuando ya representaba a GEBA, Boncagni fue tercero, triunfando el español -y bronce europeo, cercano a los 8 metros- Rafael Blanquer.
“El atletismo me dio mucho. Sobre todo, la disciplina para llevar una vida sana. Y muchos amigos, con los que compartimos las competencias y los viajes. Y todavía hoy, cuando me reencuentro con algunos o recibo sus mensajes, es una gran emoción, un bello recuerdo”, afirma.
Boncagni es el máximo ganador del salto en largo en los Campeonatos Argentinos, con siete títulos, el primero en 1963 y el último, quince años más tarde. También fue subcampeón sudamericano en un vibrante duelo en Parque Chacabuco (1967) con el chileno Iván Moreno. Este consiguió los 7.35 ganadores en su último salto, superando los 7.28 del argentino.
Y también la fama le llegaría mucho después: junto a su mujer María Teresa Dilger son unos notables bailarines de tango y su participación en el programa de Tinelli disparó su reciente popularidad.
El tanguero Boncagni
A fines de los 60 y principios de los años 70 asomó desde el interior una generación de destacados saltarines como el entrerriano Eduardo Labalta y el mendocino Angel Gagliano (pero este concentrado en salto triple). Y también allí estaba el cordobés Emilio Angel Mazzeo.
Nacido el 23 de marzo de 1951, en una familia de prosapia atlética –padre entrenador y directivo, hermano lanzador- Emilio también se volcó al decathlon, alcanzando medallas nacionales y sudamericanos, pero luego “retornó” a los saltos. Su mayor triunfo se dio en el Campeonato Sudamericano de Santiago de Chile, en 1974, donde marcó 7.29 y pudo aventajar a los brasileños Reinaldo Lobato y Joao Carlos de Oliveira… que pronto se convertiría en el “rey del mundo” entre los triplistas.
El 22 de junio de 1975 en su Córdoba natal, Mazzeo consiguió mejorar la marca nacional de largo de Boncagni con 7.51 (tras igualar los 7.48 al iniciar su serie de saltos). Y en octubre, produjo otro hito durante los Juegos Panamericanos en México. Allí fue 7° del salto triple con 15.85 metros, derribando después de más de medio siglo el récord nacional de Brunetto. En el mismo concurso, “Joao do Pulo” batía el récord mundial con 17.89…

De Mazzeo a su sucesor no pasaría tanto tiempo. En Buenos Aires surgió un dotado como Carlos René Gambetta que, con sus 18 años (nació el 5 de diciembre de 1961), fue una de las figuras de la Selección Argentina en el Sudamericano de Bucaramanga. Allí quedó 4° en salto en alto, apuntaló a los relevos 4×100 y 4×400 que llegaron al podio… y batalló por el título del salto en largo. En su serie batió dos veces el récord argentino, aquel 2 de noviembre de 1979: 7.56 y 7.58. Se llevó la medalla de plata, escoltando al venezolano Oswaldo Torres (7.67) y quedando delante de Francisco de Oliveira, el hermano de “Joao do Pulo”.
Gambetta volvió a batir este récord el 30 de agosto de 1981 en Porto Alegre, durante una incursión de su formación –Club Argentino de Atletismo- por aquellas tierras: 7.64 metros.
Pero, como ya había sucedido con Berra, Kistenmacher o Mazzeo, también lo “atrapó” el decathlon, donde fue campeón sudamericano y recién se concentraría en los saltos –principlamente en triple- al estudiar y entrenar en la Washington State University, en Estados Unidos.
El resto de la “historia” es mucho más reciente:
- 69 metros del cordobés Diego Suárez el 16 de noviembre de 2003 en Mar del Plata, pese a que se registró un fuerte viento en contra (2.6ms)
- 77 metros (con viento de 0.9ms) de Eric Ariel Kerwitz el 6 de diciembre de 2003 en Rosario.
Eric, al igual que su padre “Poldo” y su hermano Diego, sobresalió con el decathlon donde alcanzó dos veces el subcampeonato sudamericano. Pero en largo, obtuvo en cinco oportunidades el título nacional.
Y ahora, el tiempo de Martín Saavedra.

EL TOP 10 ARGENTINO PERMANENTE
7.82 1.8 Martín Saavedra FAM 1 NC Rosario 08.08.2026
7.77 0.9 Eric Ariel Kerwitz FAM dec Rosario 06.12.2003
7.69 -2.6 Diego Suárez COR 1 SdM Mar del Plata 6.11.2003
7.65 0.0 Luciano Gabriel Ferrari COR 4 Santiago CHI 04.05.2025
7.64 Carlos René Gambetta FAM 1 Porto Alegre 30.08.1981
7.64 1.8 Santiago Madroñal BA 2 SdM Mar del Plata 01.10.2023
7.59 1.5 Brian Agustín López SF (3) Conc. Uruguay07.04.2024
7.57 2.0 Osvaldo Enrique Frigerio BA 1 SFVCSanta Fe 05.05.1985
7.53 -0.1 Maximiliano Andrés Díaz SAL 1 NC Santa Fe 22.04.2012
7.53 a 1.4 Joel dos Santos Iraha FAM 1 SamCu20 Cali 16.06.2019



