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El adiós a una gran figura de los años ’70: Carlos Dalurzo

El adiós a una gran figura de los años ’70: Carlos Dalurzo
13 de octubre de 2026

Carlos Dalurzo -quien acaba de fallecer este lunes-  emergió a principios de los ’70 como una de las grandes promesas del atletismo argentino. Como tantos talentos más a lo largo de nuestro historial, su paso por las pistas resultó fugaz, pero dejó un recuerdo imborrable. Después de ganar como “junior” los 800 metros en el Campeonato Sudamericano de mayores, en Lima, fue nominado para los Juegos Olímpicos de Munich. Allí su marca de 1:50.6 –la mejor de su vida- no resultó suficiente para atravesar el primer turno. Pero Dalurzo, por entonces con 19 años, se convirtió en el más joven olímpico del atletismo argentino (hombres), algo que recién alcanzaría el inolvidable Braian Toledo en la década pasada.

Carlos Angel Dalurzo nació en Paraná, el 9 de abril de 1953, y se incorporó desde adolescente a las actividades atléticas que el legendario ex fondista y entrenador Ubaldo Ibarra desarrollaba en esa ciudad. Junto a otros promisorios valores, principalmente de 400 metros llanos, como Luis Amatti y Luis Ramón Molina, fueron puntales de los seleccionados de Entre Ríos en las primeras ediciones de los Nacionales de Menores y Juveniles, categorías que por aquella época eran u17 y u19 respectivamente.

La primera aparición de Dalurzo se concretó en el u17 de Córdoba, en 1969, cuando quedó 6° en los 800 metros. Al año siguiente, durante el primer Nacional Juvenil disputado en La Rioja, fue subcampeón de 1.500 con 4:10.4 y tercero en 800 en 2:00.7.

Pero 1971 iba a ser el año de su despegue. Ganó tres pruebas durante el Nacional Juvenil en Rosario (800, 1500 llanos y 1.500 con obstáculos) y apenas quince días después dio la gran sorpresa al consagrarse campeón nacional de mayores en Córdoba con 1:55.7 en las dos vueltas a la pista, doblegando a los más fogueados y reconocidos valores argentinos del momento como Leandro Espínola y Carlos Heuchert, quien venía de competir en los Panamericanos de Cali.

Esa actuación le valió la nominación para el Campeonato Sudamericano de Lima, que se recuerda como  una de las últimas grandes gestas argentinas, ya que nuestra Selección consiguió el título de damas –desde entonces, hegemonizado por Brasil- y el subcampeonato de hombres y en la clasificación general.

Allí Dalurzo produjo otra sorpresa con su victoria en los 800 con 1:50.9, delante de la dupla chilena de Roberto Salmona y Fernando Sotomayor, ambos con 1:51.6.

La crónica en El Gráfico señalaba:

“Mientras muchos no lo tenían en cuenta, Dalurzo causó asombro al traer la medalla de oro en los 800 metros. Corrió a lo campeón, corrió como lo hacen los experimentados. Dejó ir al brasileño Atilio Denardi Alegre, dejó ir a los chilenos. Al quedarse el brasileño, todo el estadio se puso de pie para presenciar el duelo final entre dos compatriotas. Allí comenzó la levantada del paranaense Primero pasó a Denardi. Cuando faltaban 20 metros, los chilenos quedaron detrás como postes. No quedó nada para decir, solamente que había un campeón sudamericano con ribetes de excepción, que en poco más de un mes había bajado su marca personal en casi diez segundos. Un caso único en nuestra historia del mediofondo”.

A principios del 72, y con vistas a los Juegos Olímpicos de Munich, el gobierno de la entonces República Federal de Alemania otorgó becas de preparación a jóvenes promesas sudamericanas. La Argentina designó a Dalurzo y la velocista Irene Fitzner –la mamá de Jenny Dahlgren- y también se incorporó a esa nómina un ya consagrado campeón de salto en alto, Luis Barrionuevo.

Así, los tres tuvieron la posibilidad de prepararse en un centro de alto rendimiento, con una infraestructura inaccesible para nosotros. Y también, pudieron participar en los Juegos.

El 31 de agosto se disputaron las eliminatorias de los 800 metros, que clasificaban a los tres primeros de cada serie para las semifinales del día siguiente. Dalurzo quedó 5° en la serie 5, ganada por el favorito de la especialidad, el soviético Yevgeniy Arzhanov con 1:48.3. El registro de 1:50.6 del argentino, no solo mejoraba su plusmarca juvenil sino que lo dejaba muy cerca del tope absoluto, logrado por Guillermo Cuello con 1:50.0 cuatro años antes (recién en 1979 un mediofondista de nuestro país, Pedro Cáceres, quebró esta barrera).

Si aquellos Juegos se recuerdan por el duro y penoso episodio de la masacre de los deportistas israelíes, sucedida poco después, el Estadio Olímpico de Munich fue escenario de varias hazañas. Una se produjo justamente en los 800 metros cuando, contra todo pronóstico, el estadounidense David Wottle superó sobre la línea de sentencia al mencionado Arzhanov (1:45.86 a 1:45.89), quedando la medalla de bronce para el keniano Mike Boit (1:46.01). A través de YouTube o en varios reels evocativos, se puede apreciar esa remontada espectacular.

Al pasar los 200 metros, Wottle era el último entre los ocho finalistas, a 15 metros del séptimo. Al sonar la campana para la vuelta final, todavía iba último, pero acercándose. Al ingresar en la última curva, ya se encontraba cuarto. Su rush fue demoledor. Arzhanov, quien llevaba tres años invicto, no podía creerlo…“Salí tan lento que pensé: ‘Vas a volver a casa en desgracia’”, recordó Wottle. “Lo único que quería era reincorporarme al grupo y hacer una actuación digna. Al comienzo de la recta final, iba a por todas por la medalla de bronce. No me di cuenta de que iba por la medalla de oro hasta que me quedé a tres metros de la meta…“Ahí estaba yo, un muchacho de Canton, Ohio, que corría la milla en 4:20 en el instituto, y conseguí ganar una medalla de oro olímpica.”

De retorno al país, Dalurzo hizo su mejor marca en los 400 metros llanos (49.3 en Paraná) y en los Campeonatos Nacionales, disputados en la pista de carbonilla de Gimnasia y Esgrima, en Buenos Aires, retuvo su título de los 800 metros con 1:56.4, además de quedar tercero en 400 con 50.7, donde se dio un gran duelo adelante entre el marplatense Carlos Intaschi y Carlos Bertotti. En esos mismos Nacionales, Dalurzo sumó otra medalla de bronce con la posta larga de Entre Ríos.

Aún habría tiempo para un Nacional más, en Mar del Plata 73, donde volvió a ganar los 800 con 1:53.3 y a repetir el bronce de la posta 4×400. También participó en los 1.500 metros con su marca personal de 3:58.7, terminando en el 5° puesto.

Pero dejó el atletismo, muy joven. Varias décadas después, cuando lo entrevistamos para el libro “Aventuras en las pistas”, nos contó:

“Tenía que hacer el servicio militar, nadie se ocupó de tramitarme una prórroga. Así que cuando terminé, ya estaba pensando en otra cosa, en organizar mi vida y mi trabajo. Venía un poco desilusionado con el atletismo. Cuando estuve en Munich me di cuenta de las diferencias de organización con los países más avanzados y que, si quería un futuro en esto, debía irme del país. Y la verdad, es algo que no  me gustaba… Pasé todo el período previo a los Juegos sin conocer a los entrenadores argentinos, me preparaba solo. En fin, cosas que me iban marcando. Así que un día decidí largar todo. Tal vez en su momento me desilusioné, pero fue borrón y cuenta nueva”.

Dalurzo trabajó como empleado en la secretaría de Deportes entrerriana, luego en la constructora del puente Zárate-Brazo Largo y en el Flamingo de su provincia, hasta que se dedicó a sus propios negocios. Su apellido reapareció en otra especialidad cuando su hija María Carolina se convirtió en una de las mejores garrochistas del país: fue campeona nacional en 2006 y, además, su registro personal de 3.80 todavía la ubica en el top 10 histórico de nuestro atletismo.

 

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