Hace exactamente siete décadas, el atletismo argentino sólo pudo contar con dos valores en los Juegos Olímpicos de Melbourne. Ambos, en lanzamiento del disco: Isabel Avellan y Günther Kruse.
Las autoridades deportivas y de nuestra organización olímpica, bajo el régimen de la Revolución Libertadora, habían marginado a numerosos valores en distintas disciplinas. También, con argumentos que combinaban cuestiones políticas con “económicas”, querían reducir al máximo ese viaje a la lejana Australia. En el caso del atletismo quedaron fuera de convocatoria –aún peor, sancionados de toda competencia- valores indiscutibles como los fondistas Osvaldo Suárez y Walter Lemos, que asomaban como la herencia directa de nuestras glorias del maratón. Ese año, Suárez había logrado su primer triplete (5.000, 10.000 y medio maratón) en el Sudamericano de Chile, con Lemos como “lugarteniente” y también había batido el récord sudamericano de 5.000 con 14:20.7, además de convertirse en el primer atleta de la región en bajar la media hora para los 10k (29:49.9). Otro de los perjudicados, pese al reclamo del staff de entrenadores, fue el mediofondista Eduardo Balducci, en el mejor momento de su campaña.
Llega Kruse
Finalmente accedieron a incluir a Kruse, lanzador de la Sociedad Alemana de Gimnasia, quien el 23 de septiembre en Buenos Aires se convirtió en el primer sudamericano en sobrepasar los 50 metros en disco: 50.79. Mejoró el tope que su clásico rival de la región, el chileno Hernán Haddad, había fijado con 49.24 el año anterior en Santiago. El récord argentino desde 1952 era 49.68 de Reidar Soerlie, un noruego radicado en nuestro país, que logró el título sudamericano en Buenos Aires y luego se quedó como entrenador (pero no fue homologado como tope sudamericano). En su último test, que le aseguró la nominación olímpica, Kruse consiguó 52.84 el 14 de octubre, un registro que iba a permanecer largo tiempo como plusmarca nacional: recién fue batido por el gran decathleta Tito Steiner en 1980, en su entonces reducto de Provo. Como récord sudamericano, permaneció más de una década: lo mejoró el colombiano Dagoberto González con 54.00 al ganar el Campeonato en Buenos Aires, en octubre de 1967 en Parque Chacabuco…
En el sector femenino, nuestro atletismo había ganado prestigio en la prueba de disco con dos atletas que alcanzaroin finales olímpica: Ingeborg Mello e Ingeborg Pfüller. Mello fue octava en disco y novena en bala en 1948, en Londres, y también estuvo en la clasificación de Helsinki cuatro años más tarde. Y aunque su standard de marcas ya no se mantuvo tan alto, permaneció activa y entre las mejores del país hasta más allá de cumplir 50 años. Pfüller, su sucesora, logró el séptimo puesto del disco en los Juegos de Helsinki (1952) y la medalla de oro en los Panamericanos de México (1955). Y aunque tuvo un período de alejamiento –también fue perseguida y sancionada por el régimen del 55- volvió en todo a principios de los 60, recuperando su trono sudamericano y logrando la medalla de plata en los Panamericanos de Sao Paulo (1963).
Llega Avellán
Isabel Avellán surgió en Independiente, bajo la conducción técnica del recordado Dositeo González,. Nació el 20 de agosto de 1933. Con 19 años se proclamó campeona nacional de bala (11.22) y disco (38.39) en los campeonatos realizados por primera vez en Santa Fe. Y meses más tarde, en abril de 1953, tuvo su estreno internacional con el Sudamericano Extra de Santiago de Chile, donde obtuvo el lanzamiento de disco con 41,17 –allí Pfüller la escoltó con 39.09- y fue segunda en bala, detrás de la brasileña Vera Trezoitko. Los Nacionales de ese mismo año, en Rosario, contaron con ese trío histórico y Pfüller fue la vencedora en bala (11.97), aventajando por ocho centímetros a Avellán quien, a su vez, fue la triunfadora en disco con 40,46 m, delante de Mello (39.22). Algunas semanas antes, durante el torneo Primavera en Gimnasia y Esgrima, Avellán había batido el récord sudamericano con 43.86, mejorando los 42.10 de Mello en el mismo escenario (1949).
Después fue el turno de Pfüller, quien elevó la marca a 44.69, el 19 de septiembre de 1954, año en el que Avellán obtuvo el título nacional de disco por tercera vez consecutiva. Y en el selectivo para los Panamericanos, el 12 de febrero de 1955, Avellán recuperó la plusmarca sudamericana con 46,05 m., en otra competencia con Pfüller (42.34). El gran duelo se dio justamente en esos Juegos, disputados en México, donde Pfüller se llevó la medalla de oro –el principal halago de su campaña- con 43,19 m. y Avellán fue medalla de plata con 40.06 m. El 13 de noviembre del mismo año y ya con el objetivo en la clasificación olímpica, Avellán llevó el récord a 46,99 metros.
En abril de 1956, Avellán conquistó el título sudamericano en Santiago de Chile con 44,08 m, delante de la lanzadora local Rosa Riveros (38.22) y de Mello (38.08). Además, logró el cuarto puesto en bala con 11,20 m. Con el sueño olímpico en el horizonte volvió a superar el récord al lograr 47,22 metros el 9 de septiembre en el campo de Universitario de La Plata.
En Melbourne (damas)
Avellán, además, fue la abanderada de la delegación argentina en los Juegos Olímpicos de Melbourne. Y en la competencia de lanzamiento del disco consiguió el 6° puesto. Desde entonces, lo mejor que haría un argentino en el escenario de los Juegos y que recién pudo emular Germán Lauro en lanzamiento en bala en Londres 2012.
Las pruebas atléticas del 56 se disputaron en el Melbourne Cricket Club y Avellán, con 43.66 metros, quedó novena en la fase clasificatoria, dominada por la checa Olga Fikotová con 50.77 m. Las trece primeras avanzaban a la prueba decisiva.
Allí las favoritas eran las atletas de la Unión Soviética, principalmente Nina Ponomaryeva (ex recordwoman mundial con 53.61 m. en 1952 y campeona olímpica ese mismo año en Helsinki). Pero con una serie en la que tuvo cuatro disparos sobre los 50 metros, Fikotová fue la estrella del día. Tomó la delantera en la tercera ronda con 52.04 y, en su quinto intento, alcanzó un récord olímpico de 53,69 m., insuperable para sus rivales. Irina Beglakova fue la subcampeona con 52.54 m y Ponomaryeva, esta vez, debió conformarse con la medalla de plata (52.02): cuatro años más tarde, en Roma, iba a recuperar el cetro olímpico.
Avellán, con 46.73 m., escaló hasta el sexto puesto, escoltando también a la estadounidense Earlane Brown (51.35) y a la otra integrante de la armada soviética, Albina Yelkina (48.20). La argentina había logrado esa marca en el primer intento y luego registró 44.84, 42.69, 46.31 y 43.88 para cerrar su participación con 44.35, aventajando a otras dos atletas checas (Jirina Voborilová y Stepanka Mertová). También, entre sus vencidas, se encontraba la rumana Lia Manoliu (9ª. con 43.90) quien se iba a convertir en una verdadera leyenda de esta especialidad. Totalizó seis participaciones olímpicas, incluyendo allí su triunfo en México 68 y las medallas de bronce en Roma 60 y Tokio 64. Y fue recordista mundial con 62,06 m. en 1972, cuando ya tenía 40 años…
Aquellos Juegos de Melbourne –si se los recuerda por el sangriento match de waterpolo entre húngaros y soviéticos- también tuvieron su cuota romántica en el lanzamiento del disco. Fikotová se casó meses más tarde con el campeón del lanzamiento del martillo, el estadounidense Harold Connolly, y se marcharon a vivir en California. Allí, la señora Olga Connolly conquistó cinco veces el campeonato nacional y ya como representante USA participó en otros cuatro Juegos, aunque sin volver al podio. Su mejor marca fue de 57.60 m. en 1972, a los 39 años… Pero también Avellán conoció al que sería su marido, un publicista australiano llamado Frank Xavier De Neefee. “Cuando nos despedimos en Melbourne, y me volví a la Argentina, me pidió casamiento”, contó.
Avellán siguió por un par de temporadas dentro del atletismo nacional, pero ya tenía destino australiano. Logró nuevos títulos nacionales en 1956 (12.36 en bala, 46.84 en disco) y 1957 (43.87 en disco). Y fue una de las figuras argentinas en el Campeonato Sudamericano de Montevideo, en 1958, donde se llevó las dos medallas de oro: 12.69 en bala –el mejor registro de su campaña- y 44.57 en disco, delante de las atletas chilenas Eliana Bahamondes y Pradelia Delgado respectivamente. Sólo tres meses después, el 26 de julio en Gimnasia y Esgrima durante el torneo Alfredo Ríos, Isabel Avellán se despidió definitivamente de nuestro atletismo, quedando segunda en una prueba de bala (11.73), detrás de Mabel Dematei (12.02).
“Si me necesitan, volveré para defender al atletismo argentino”, afirmó ese día. Se marchaba a Australia, por su destino… Visitó la redacción de Clarín junto a su flamante esposo, quien había venido especialmente al país. Allí Isabel contó que “conocí a Xavier en Melbourne el 6 de diciembre de 1956 y ese mismo día, me presentó a sus padres. El 11 ya me volví a Buenos Aires, estábamos comprometidos. Mantuvimos una intensa correspondencia. Y en abril de este año vino a verme, yo estaba en el Campeonato Sudamericano de Montevideo y me esperó en la dársena… Esta es la simple historia”. Avellán manifestó sus deseos de seguir entrenando (“Lo haré con el equipo de South Melbourne, que tiene los mismos colores de Independiente. Mantendré mi preparación, trataré de perfeccionarme”). También concluyó: “En cualquier lugar del mundo, estará bien una mujer enamorada. Y yo lo estoy”.
Aunque se mantuvo activa por algunos años más bajo la conducción técnica de Franz Stampl y en un país de enorme tradición, potencial y estructura atlética, la lejanía, las dificultosas comunicaciones de aquella época y algunos reglamentos, impidieron que volviera a representar a nuestro país. Se sabe que gestionó participar en los Juegos Panamericanos de Chicago y en los Juegos Olímpicos de Roma, pero no la enviaron. Había informado de un nuevo récord de 47.90 metros, logrado el 11 de julio de 1959 en Melbourne, que no se homologó entre nosotros. Y también fue campeona de Australia en 1960.
Por aquí Pfüller pudo recuperar el récord sudamericano (48.20 metros en 1962) y mucho después, otras dos atletas también alcanzarían la nominación olímpica: Liliana Martinelli en 1966, Rocío Comba en 2012 y 2016.
Avellán se mantuvo activa en competencias de veteranos, llegó a participar en Mundiales. Murió el 20 de septiembre de 2010.
En Melbourne (los hombres y la aparición de Oerter)
Günther Kruse atravesó la fase clasificatoria del lanzamiento del disco en Melbourne 56 con 47.87 m., un registro que lo ubicaba 11°. Los 16 primeros accedían a esa final.
Y también fue 11° en la prueba decisiva, que comenzó con 49.12, siguió con 45.92 y cerró con 49.89. También el chileno Haddad alcanzaría esta final (16° con 46.00).
La zona de medallas estaba alejada para ellos, la coparon los estadounidenses: un jovencísimo Al Oerter –20 años- triunfó con 56.36 m. e inició así una campaña inigualable para la historia de la disciplina. Le añadió triunfos en Roma 1960, Tokio 1964 y México 1968, una “cuádruple corona consecutiva” que sólo pudo ser emulada por Carl Lewis, décadas más tarde, en salto en largo. Apuntemos que Oerter luego se retiró del atletismo y recién retornó en 1980, a los 44 años. Aún así se perfilaba para obtener otra nominación olímpica, pero el gobierno estadounidense boicoteó los Juegos de Moscú. Oerter se quedó sin esa posibilidad. Y ese mismo año tuvimos el orgullo de recibirlo en la Argentina, ya que participó –especialmente invitado por Steiner- en el torneo internacional de Buenos Aires, donde deslumbró con 63.16 metros…
En su aparición en Melbourne, Oerter derrotó a su compatriota y gran favorito Fortune Gordien, quien marcó 54.81 m. Recordman mundial en cuatro oportunidades (59.28 en 1953 como mejor registro), Gordien ya había sido subcampeón olímpico en Londres 48 y cuarto en Helsinki 52. Melbourne era “su” chance de oro, Oerter la impidió. El triplete USA se completó con Desmond Koch con 54.40 para la medalla de bronce. Otra leyenda en esa competición era el italiano Adolfo Consolini (ex campeón olímpico y recordman mundial, también visitante de Buenos Aires) quien ahora ocupó el 6° puesto con 51.92 m.
Para Kruse nacido el 5 de julio de 1934, aquella temporada del 56 fue la más importante de su campaña, con sus mencionados récords, la final olímpica y el título sudamericano obtenido en Santiago en intensa puja con Haddad: 47.61 a 47.24. En ese mismo Campeonato, Kruse fue tercero en lanzamiento de bala. En el Sudamericano del 58, en Montevideo, Haddad logró el desquite (49.10 a 47.43) y –curiosamente- consiguío su siguiente título de la especialidad… 16 años más tarde, ya veterano, en Santiago. Kruse, a su vez, recuperó el cetro sudamericano en Lima (1961) con 48.57 y luego se retiró del atletiso.
También fue campeón iberoamericano en la edición inicial del evento (Santiago 1960) coin 48.56 y obtuvo en cuatro oportunidades los títulos nacionales (1956, 1957, 1959 y 1960). Falleció el 18 de enero del 2007.



